ACOMPAÑAMIENTO EN LA ENFERMEDAD

Llevo años acompañando a personas en el camino de la aceptación de la enfermedad. Todos en algún momento nos podemos ver ante un diagnostico que nos derrumba todos los planes de vida. Es un proceso difícil pero muy enriquecedor. Como todo en la vida, es un reto del cual podemos salir ganando o perdiendo. Pase lo que pase hay que vivirlo desde la confianza y sin expectativas, ni negativas ni positivas, solo fluir.

Un cáncer, una  enfermedad degenerativa, una operación quirúrgica, un trasplante, un ictus, etc., te hace reflexionar sobre tu vida. Cualquier enfermedad te plantea una incógnita que te puede llevar al caos emocional. Precisamente en estos momentos es cuando más necesitas de tu pilar, la confianza en ti y en tu proceso.

Se desmoronan todas tus expectativas de vida. Las preguntas no paran de resonar en tu cabeza.

¿Saldré de está?
¿Me moriré?
¿Despertaré de la anestesia?
Y los ¿y sis…?

Se acumulan en ti, debilitándote cada vez más.

Hay dos reacciones posibles, te hundes o aparentas que todo va bien. Las dos son destructivas para ti. Si te hundes, te paralizas. Puedes estancarte en este estado mucho tiempo y el sufrimiento crecerá. Está demostrado que las personas positivas se enfrentan mejor a cualquier proceso de enfermedad. El hecho de estar feliz produce serotonina, aumentan nuestras defensas, etc. Es de vital importancia estar en armonía para enfrentarte a lo que te viene encima.

Si optas por ser valiente, como la mayoría de personas te dirán que seas,  pondrás barreras para anular el dolor y se quedará dentro de ti. Cuando estés solo contigo mismo el dolor te torturará. Pondrás más fuerza y voluntad para no hundirte pero el dolor seguirá allí, muy adentro. Evitarás el tema porque duele. Solo  el hecho de pensar en ello te aterra. Como siempre, la huida no te sirve. Prepárate, es lo mejor que puedas hacer para ti y los que te rodean.

Exigirte ser fuerte es auto castigarte. Aceptar los días buenos y los no tan buenos, forma parte del proceso. Sabiendo que vas bien, que hay días que duele más que otros y que el tiempo sanará tu herida, ayuda en el proceso de aceptación. Observa tu herida, amala porque forma parte de ti. No la tapes, la asfixiarás y empeorarás.

Mi trabajo en esta fase de tu vida es acompañarte en este proceso. 

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¿Y si el final se acerca?

Te ayudaré a entender que tu cuerpo físico ha llegado a un punto de no retorno y que su fin se acerca. Resistir no sirve. Ha llegado el momento de aceptar el desenlace y prepararte para el gran viaje como lo llamo yo. Te ayudo a poder poner paz en tu corazón y disfrutar al máximo de los días que te quedan para vivir. Si aceptas y ves como un regalo cada día que despiertas y respiras, la vida se volverá alegría.

Podrás aprovechar este valioso tiempo para despedirte y compartir con los tuyos. Podrás expresar todos esos “te quiero” que muchas veces olvidaste  decir. Cuando entiendas que tu final es tu principio, todo fluye. Nacemos y morimos. Es ley de vida. Centrarte en el agradecimiento te ayudará mucho a ver lo afortunado que eres. Muchas personas no pueden despedirse y expresarse. Es un proceso duro pero  ayudará mucho a los tuyos cuando no estés a superar su dolor.

Como este proceso tiene repercusiones en  toda la familia, te ayudo a ti y a los tuyos a llegar a la comprensión. No es fácil ser el enfermo ni tampoco el cuidador. Cada uno por su lado se hace sus preguntas y tiene muchas dudas. Mi trabajo reside en ayudaros a llegar a la paz y la tranquilidad que todos necesitáis en un proceso como este.

Recuerda que el Amor sana. El Amor no desaparece cuando el cuerpo físico deja de existir. El Amor os unirá siempre. Cada uno lleva dentro de sus archivos el amor vivido y los momentos compartidos. La separación no existe, es una ilusión que crea dolor y sufrimiento. Cuando traspasas esta ilusión, encuentras la paz.